Memorias

Con el tiempo el recuerdo es menos y la sensación es más.
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lunes, 3 de octubre de 2011

Destinada al libre albedrío.


No puedo escapar de mi libertad ni de mi destino. He intentado combinarlos, pero no. A lo más que llego es a libert ...ino y no es la idea o, al menos, no el propósito.
Busco en el punto medio cartesiano distanciarme de ambos extremos. He de construirme una “casa” en mitad del bosque. Mejor una atalaya. Una donde pueda esconderme del demonio de Laplace y de las Moiras. Un sitio donde sobrevivir y continuar. En ella decidiré cual demonio es el más peligroso y optaré por el mal menor. 

Y si no va de esto. Y si no es un bosque con una sola salida. Si hay varias salidas el punto medio no sería el lugar más cercano a la verdad. Siempre habría una salida y una verdad distinta.
Y si esto es más bien como un corte inglés. Planta primera Vitalismo, planta dos Determinismo, planta tres Idealismo, Cinismo, Nihilismo, Materialismo, Utilitarismo, y así recorremos las plantas de acuerdo a la necesidad del cliente.
Primero necesitaría saber en qué planta me encuentro. A inicios del siglo XXI podemos hablar de un post modernismo negligente, ajeno totalmente a las responsabilidades que trae consigo el existencialismo pero muy cercano a forjarse una moral individual. La planta  en que creo estar está pensada para una generación nacida con derechos pero sin obligaciones. Insatisfechos buscando culpables. 
Luego del post modernismo del siglo XX me pregunto si estamos en el Histerismo.
¿Cuán ligado está el ser a su tiempo? ¿Cuánto de histerismo me corresponde?
Si he pasado un cuarto de mi vida en el post modernismo, puede que esta planta no me sea obligada.
Ahora viene lo más difícil, encontrar el ascensor.

jueves, 2 de junio de 2011

Spinoza, es el principio.



Aquí estoy, lejos. 
Donde quería, donde en su día decidí. Y me digo: ¿Lo decidí?
Según Freud no hay coincidencias. No hay situaciones aleatorias. No hay mayor determinista que él.
Las personas que me han acompañado durante el camino en que me “he hecho” no están junto a mi.
Tengo mucha gente que guardo en mi memoria. Mis amigas, aquellas que me acompañaron parte, o todo el trecho.
Muchas siguen conmigo, conectadas a fuerza de internet. Otras lejanas, a pesar de que nos duele. 
Mi historia. Lo que me define, se cuenta a trozos. Trozos lejanos. 
¿Soy una suma de trozos?
¿Soy un trozo de ellas?
Hoy es un día de esos, en los que se recapitula, a pesar de que la razón indica parar.
Hay una persona que conozco, que lee unas cinco novelas al mes, cuando menos. Adoro leer sus críticas. Me parece alguien tan limpio. Tan impetuoso.  Hoy leí que pretendía empezar con la ética de Spinoza.
Y me pregunto: ¿Seguirá siendo tan inocente, una vez que entre en el mundo del cuestionamiento?

No es lo mismo leer literatura que filosofía. No es lo mismo, porque la literatura es la historia que nos cuenta alguien, y la filosofía es la lectura que nos lleva a leernos a nosotros mismos. 
A veces esa lectura nos pone tan tristes. Nosotros frente a nosotros. Nuestros motivos frente a nuestros principios. Nuestra fe frente a nuestra razón.
Le diría tantas cosas para disuadirlo.
¿Ya leíste a Descartes? ¿Eres ateo? ¿Quieres estar confundido, justo ahora que tu hija tiene menos de cinco años?
¿Comulgas con los Estoicos? ¿Comulgas con los Cínicos? ¿Puedes encontrar la esperanza intrínseca de los Nihilistas?
Sigue con el idealismo. Persigue la historia coherente. Critica la literatura.  Lee una novela cada tres días. Domina ese arte. Ese que no espera ser protagonista, pero si exige rigor.
Creo que te voy a perder, como mi lector de cabecera, amigo mío. 
Cuando empieces a diferenciar la Causa de la Sustancia. Y cuando esta sea además la que construya el piso de todo lo demás. Entonces te rebelarás. Ya no será Spinoza. Ese determinismo estoy segura que te será inaceptable.
Puede que camines por el Nihilismo. Puede que te divierta Schopenhauer, hasta que su razón no te sea suficiente. Y puede que sea tu propia voluntad la que te obligue a alejarte de todo eso. 
Yo, me he quedado a medio camino. Un burro estacionado. Ni para atrás, ni para delante. 
Sigo leyendo, es un vicio. Pero leo, como quien estudia una lengua extranjera. Es el único modo que encuentro, para leer filosofía, sin cuestionar 43 años de decisiones.

martes, 15 de febrero de 2011

Los Vedantas.

“Solo Dios es real. El mundo es irreal. El individuo no es otro sino Dios”
Encontré un sitio donde recibir lecciones de meditación Budista. Llegué muy pronto. Quería conocer el lugar y decidir si me quedaba. Era bonito. Amarillo. Parecía que el sol daba incluso en el sótano, que era donde se impartían las charlas. Había unos folletos con la agenda para el mes de febrero. Empezaba en ese momento una charla de Filosofía Vedanta. 
Demasiada información para una hora. Escucho una frase, traduzco la idea, trato de incrustarla en medio de mis conceptos, no puedo. Estoy en ese lío mental mientras llegan más frases. Estas si se enlazan fácilmente a la primera frase, pero ya es todo un constructo que no calza en mi cabeza. Si entra, navega, pero no se enlaza. Y sin enlace, a duras penas puedo repetirlo verbalmente.
¿Espectros sin “yo”? ¿Despertar y desaparecer?¿Morir en vida para ser consciente de que soy todo pero no soy?¿Total desapego? ¿Dejar hacer al todo, pero no hacer nada, porque yo no soy? 
Una señora pregunta: ¿Yo voy al trabajo, pero no soy yo, no soy quien hace el trabajo?
El ponente contesta: Tu no vas al trabajo, estas viviendo un sueño, eres el personaje de un sueño que no es la realidad. La realidad es que eres Dios. No eres tú. 
Otro sigue: El Yo insiste en existir ¿por qué?
El ponente sonriendo contesta: Porque tu mente no quiere desaparecer y te sigue engañando para que vuelvas al sueño.
Si todo esto es cierto, y mi mente no quiere desaparecer ¿No será que le toca actuar en el sueño? Si la vida es sueño, y lo sueños, sueños son ¿Tenemos aquí a un Segismundo, que desaparece en cuanto despierta? ¿Un hacer del destino libre de nuestras infructuosas apetencias de libre albedrío?
Debo ser muy primitiva, y mi mente muy aferrada a su existencia. Puesto que si  tuviese la certeza de que lo único que tengo es un sueño, y lo siguiente es ser parte del todo (algo que sucederá a la muerte del personaje quiera o no quiera), no me resisto a hacer de esta farsa de realidad todo un espectáculo casi verosímil.